domingo, 8 de abril de 2018

El cine era su forma de vivir y mi forma de hablar con él

 Un texto que escribí en 2012, también un 8 de abril, un día después de su muerte.

Jaques Marchal por Alberto Martínez (Betto)


Ese día me confesó, en ese español que algunas veces resultaba imposible entender así llevara tantos años viviendo en Colombia, que le caí muy mal el día en que nos conocimos. Ese mismo día, cuando nos despedíamos, me preguntó si había visto Sin Sol de Chris Marker, le contesté que no y sacó de su maletín de cuero una copia de la película en VHS que me prestó con la condición de que se la entregara una semana después. Me despedí y aprovechando que tenía dos horas libres antes de dictar la siguiente clase, busqué un salón de la universidad que estuviera libre, entré, apagué la luz y la proyecté. Pasada una hora y, con el cassette en la mano, caminaba lleno de imágenes, sonidos y reflexiones distraído por un pasillo cuando me lo encontré de nuevo, se lo entregué y me preguntó por qué no quería verla, le conté que ya lo había hecho. Caminamos un rato hablando de la película y después, en una mesa de la cafetería, unas cuantas tazas desocupadas nos recordaban que, mientras íbamos de Chris Marker a Jean Vigo y de Santiago Álvarez a Patricio Guzmán, el tiempo pasaba y entre los dos poco a poco se creaba un lazo que todavía hoy sigo sosteniendo.

Me contó que desde su llegada a este país, en mil novecientos sesenta y nueve, su obsesión era mostrarle Colombia a los colombianos y con la misma generosidad con que compartió sus imágenes con el público, me abrió su gigante maletín de cuero para sacar de él películas y textos con los que alimentaba nuestras constantes charlas en las que, a pesar de mi reconocida dificultad para estar callado, logré oírlo, aprender y crecer.

Después de cualquiera de sus largos silencios, terminando cualquiera de nuestros largos almuerzos, me dijo que lo que le gustaba de mi era que entendía más de lo que sabía y al salir me recomendó como profesor de guión documental, la materia que precedía su clase de realización documental. Me contrataron y así, con esa responsabilidad encima, complementamos nuestras formas de ver el cine durante tres semestres, hasta que lo vi por última vez en el año dos mil nueve, cuando hice una pausa en mi vida como profesor para, entre otras cosas estudiar documental.

Hoy escribo para celebrar su vida, así haya muerto. Aunque no se si me consideró su amigo alguna vez, como todos los que sí se que lo fueron no puedo olvidarme de su risa y sin haber ido nunca a una de sus clases aprendí de él más que muchos de sus estudiantes. Fui su colega y viví a su lado la universidad como lo que debe ser, un sitio para seguir creciendo complementándonos y contradiciéndonos en un diálogo que ahora, a solas, a veces sigo teniendo con todas las palabras que me dijo y recuerdo, a pesar de haber sido dichas en ese español que algunas veces resultaba imposible entender.

Buen viaje Jacques Marchal (1942 - 2012).

Tomás Corredor
Abril 8 de 2012 *Publicado originalmente en el blog Cinefilia y otras aberraciones audiovisuales del espectador.com