Un texto que escribí en 2012, también un 8 de abril, un día después de su muerte.
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| Jaques Marchal por Alberto Martínez (Betto) |
Ese día me confesó, en ese español que algunas veces resultaba
imposible entender así llevara tantos años viviendo en Colombia, que le
caí muy mal el día en que nos conocimos. Ese
mismo día, cuando nos despedíamos, me preguntó si había visto Sin Sol
de Chris Marker, le contesté que no y sacó de su maletín de cuero una
copia de la película en VHS que me prestó con la condición de que se la
entregara una semana después. Me despedí y aprovechando que tenía dos
horas libres antes de dictar la siguiente clase, busqué un salón de la
universidad que estuviera libre, entré, apagué la luz y la proyecté.
Pasada una hora y, con el cassette en la mano, caminaba lleno de
imágenes, sonidos y reflexiones distraído por un pasillo cuando me lo
encontré de nuevo, se lo entregué y me preguntó por qué no quería verla,
le conté que ya lo había hecho. Caminamos un rato hablando de la
película y después, en una mesa de la cafetería, unas cuantas tazas
desocupadas nos recordaban que, mientras íbamos de Chris Marker a Jean
Vigo y de Santiago Álvarez a Patricio Guzmán, el tiempo pasaba y entre
los dos poco a poco se creaba un lazo que todavía hoy sigo sosteniendo.
Me
contó que desde su llegada a este país, en mil novecientos sesenta y
nueve, su obsesión era mostrarle Colombia a los colombianos y con la
misma generosidad con que compartió sus imágenes con el público, me
abrió su gigante maletín de cuero para sacar de él películas y textos
con los que alimentaba nuestras constantes charlas en las que, a pesar
de mi reconocida dificultad para estar callado, logré oírlo, aprender y
crecer.
Después de cualquiera de sus largos silencios, terminando
cualquiera de nuestros largos almuerzos, me dijo que lo que le gustaba
de mi era que entendía más de lo que sabía y al salir me recomendó como
profesor de guión documental, la materia que precedía su clase de
realización documental. Me contrataron y así, con esa responsabilidad
encima, complementamos nuestras formas de ver el cine durante tres
semestres, hasta que lo vi por última vez en el año dos mil nueve,
cuando hice una pausa en mi vida como profesor para, entre otras cosas
estudiar documental.
Hoy escribo para celebrar su vida, así haya muerto. Aunque no se
si me consideró su amigo alguna vez, como todos los que sí se que lo
fueron no puedo olvidarme de su risa y sin haber ido nunca a una de sus
clases aprendí de él más que muchos de sus estudiantes. Fui su colega y
viví a su lado la universidad como lo que debe ser, un sitio para seguir
creciendo complementándonos y contradiciéndonos en un diálogo que
ahora, a solas, a veces sigo teniendo con todas las palabras que me dijo
y recuerdo, a pesar de haber sido dichas en ese español que algunas
veces resultaba imposible entender.
Buen viaje Jacques Marchal (1942 - 2012).
Tomás Corredor
Abril 8 de 2012 *Publicado originalmente en el blog Cinefilia y otras aberraciones audiovisuales del espectador.com

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